PARIS


Pocas ciudades del mundo han albergado tantos acontecimientos y han dado lugar a cambios de rumbo en la Historia como la ciudad de París. Fue probablemente fundada por el pueblo galo, concretamente los parisii (300 a.C.), quienes se asentaron en la orilla izquierda del río Sena. Sin embargo, pronto se produjo la llegada de los romanos (100 d.C.) conducidos por Julio César que, en su "De Bello Gallico", la llama repetidamente Lutecia Parisiorum. Las continuas amenazas bárbaras provocaron el traslado del núcleo urbano 
hacia la Île de la Citè, desde donde inició su lento crecimiento a ambos márgenes del río. 

El saneamiento de las áreas pantanosas situadas a los lados del río y la colonización, debida a la actividad de los monjes Saint-Genevieve, Saint-Germain-des-Prés y Saint-Denis fueron la premisa necesaria para el desarrollo de la ciudad. La presencia romana duró hasta el siglo V, cuando los grupos germánicos dirigidos por el rey Clovis la conquisten (508), nombrándola capital y dando inicio la dinastía Merovingia. También se asentaron aquí los Carolingios. 

París llegó a ser la verdadera capital cuando Hugo Capeto fundó, en el año 987, una nueva dinastía y la ciudad alcanzó un rango e importancia que no ha vuelto a perder. Con la dinastía de los Capetos pasó de ser un burgo comercial y manufacturero a un gran centro de interés nacional e internacional. La ciudad fue extendiéndose progresivamente por la orilla derecha del Sena. El crecimiento no fue solamente urbanístico sino también cultural y, con la ascensión al trono de Felipe II Augusto (1180-1223), alcanzó uno de los momentos de máximo esplendor gracias a la fundación de la Universidad de París (1215). Pocos años antes se habían iniciado las obras de la Catedral de Nôtre-Dame (1163)




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